Viviendo la experiencia de mi vida

Misiones, Rosario, Córdoba, viajes, vuelta al mundo

Desde Misiones a Córdoba, toda una aventura…

Nuestro último día en Puerto Iguazú volvimos a madrugar, pero en esta ocasión para trabajar… Si, si, no todo va a ser disfrutar… ¿Y cual sería nuestro trabajo? Repartir lechugas y repollos, en una ciudad llamada El Dorado.

Mochilas, cajas y lechugas

Realmente, se trataba de echar una mano a nuestro CS, Facundo, realizando el trabajo de su padre, que estaba convaleciente de una lesión. ¡Y nos lo pasamos genial! Fuimos escuchando al gran Sabina en la furgoneta, hicimos nuestro bautizo de mate durante los trayectos, nos reímos con anécdotas, descargamos cajas vacías, cargamos otras llenas y fuimos por todas las verdulerías de la ciudad para venderlas. En definitiva, ayudamos a Facundo, pero nos llevamos otra bonita experiencia, algo distinto, que los hoteles o albergues no te dan.

Un tío currante


Mi primer mate


Los trabajadores

Nos despedimos de Facundo en El Dorado, y nos pusimos a hacer dedo, autostop o como queráis llamarlo. Nuestro objetivo: llegar a San Ignacio. Había unas 2 horas de coche. Nosotros tardamos tres.

Haciendo stop con clase

Se nos dio genial: en primer lugar, nos «levantó» (como ellos dicen, ya que os recuerdo que aquí se debe evitar la palabra «coger», que los españoles tanto usamos…) un maestro de secundaria que volvía del trabajo, nos avanzó unos 45 minutos. Tras esperar un cuarto de hora, nos levantó un repartidor de verdura con su furgoneta, el cual nos dejó en una gasolinera. Aún nos quedaba una hora y media aproximadamente, pero tuvimos la suerte de encontrar a Damián, que iba hasta el mismo San Ignacio. Un reparador de mesas de billar muy simpático. Así que a las 15h estábamos en nuestro hostel en San Ignacio, con piscina y todo.

Con el gran Damián

Este pequeño pueblo es conocido por sus ruinas Jesuíticas, de las más antiguas de Sudamérica.

En el hostel, tuvimos la suerte de conocer a Lucrecia, la chica que trabajaba en recepción y que fue muy amable con nosotros. También a Alex, un chico francés que estaba acabando su vuelta al mundo (en sentido contrario al mio) a quién hicimos mil preguntas… Y al cual volveríamos a ver en Córdoba unos días más tarde.

Tras un bañito y descanso en la piscina, fuimos a visitar las Ruinas.

No todo va a ser penar…

Llegamos con la última visita, y tuvimos que darnos prisa para alcanzar al guía que ya había comenzado… Pero cuando lo encontramos, tuvimos un pequeño problema de «comprensión», con pequeño rapapolvo para Harry incluido… Así que nos fuimos por nuestro lado. Con todo ello, nos pareció una visita excesivamente cara para lo que hay que ver… O al menos, para alguien como nosotros, que miramos cada peso que gastamos con lupa…

Atardecer en las Ruinas

Ruinas Jesuíticas de San Ignacio


Atardecer en las ruinas

Fue una noche tranquila, jugamos al billar, al pingpong, hablamos con nuestros compañeros de hostel, compartimos vino de Mendoza…

Al día siguiente, tomamos una bici gratuita para hacer un sendero cerca del pueblo. Se me hizo muy duro, entre el calor que hacía (era mediodía), las cuestas, el mal estado de las bicicletas, el mio propio… Pero lo conseguimos.

Al sol después de la bici


Merecidas empanadas

A la vuelta, tras unas buenas empanadas y un baño en la piscina, fuimos a la entrada del pueblo, dispuestos a llegar hasta nuestro siguiente destino, Posadas, también a dedo.

Al poco tiempo nos levantó Diego, un chico super majo que nos llevó hasta la misma puerta de la casa de Memi, la hermana de Facundo, donde íbamos a hacer noche. Fue un viaje muy ameno, hablando de todo con Diego. ¡Mil gracias desde aquí!

La familia de Memi nos acogió con los brazos abiertos: nos hicieron sentir en casa,nos explicaron cosas de Posadas, nos acercaron y recogieron en coche…

Memi, su familia y su perro!

Seguíamos felices de tener la suerte de conocer a gente tan amable con unos completos desconocidos.

Y llegó el Domingo… Todo empezó mal: tuvimos problemas para sacar dinero (lo de Argentina y los bancos merece un post aparte), no compramos comida… Por suerte, el marido de Memi, se portó genial y nos llevó a varios bancos y al arco de seguridad, donde empezaríamos a hacer dedo. En esta ocasión nuestro objetivo era Corrientes.

Tras más de una hora al sol, un chico nos levantó y nos permitió viajar en la parte trasera de su furgoneta… Nunca he sudado tanto. ¡Qué calor! No podíamos ni hablar, era peor que una sauna…

¡El caloret!

Sólo pudo llevarnos media hora adelante y nos dejó en el peaje de Ituizangó. Ahí se acabó nuestra suerte. Durante más de 3 horas, NADIE paró ni siquiera para preguntar dónde íbamos. Sé que hay que tener paciencia para hacer autostop, pero…


Y esperar, esperar…

…a las 17h decidimos empezar a andar, pues el pueblo estaba a dos horas. En el camino, seguimos intentándolo, sin suerte. Llegamos a Ituizangó reventados, tras dos horas de marcha con las mochilas…


Y tomamos la decisión de tomar un bus-cama… Hasta Rosario (con la idea de acercarnos lo máximo a Córdoba, donde queríamos ir tras Corrientes)

Resignados ya que habíamos avanzado media hora en todo un día y al final tuvimos que pagar un billete de bus bastante caro) nos subimos en el bus, en el que disfrutamos de una rica cena y varias horas de sueño.

Llegamos a Rosario temprano en la mañana, y buscamos la mejor opción de llegar a Córdoba. Tuvimos la suerte de encontrar un chico que nos recogería con Carpoolear (Blablacar argentino) por la tarde, así que hicimos un poco de turismo por Rosario, con las mochilas al hombro.

Rosario


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Con la mochila a cuestas


La llama al soldado

 

Plaza de las banderas

El viaje en coche fue muy ameno. Cuatro horas con Rolando y otro chico en las que compartimos experiencias, consejos, anécdotas… Nuestro primer viaje en un coche que funciona con gas.

Con Rolando en su coche a gas


Llegamos a Córdoba sobre las 21h, y allí nos esperaba Marina, nuestra primera CS chica.

Esa noche, tras una excelente ensalada de pasta hecha por nuestra anfitriona, dormimos como angelitos.

A la mañana siguiente, visitamos la bonita ciudad de Córdoba, de la mano de la mejor guía posible, nuestra querida CS Marina, que, aunque no era de allí, tras 5 años en la ciudad la conocía al dedillo.


Con Marina en el porro gigante


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Cantante cordobes (cuyo nombre no recuerdo…)


La plaza de los círculos


Wall-e disfrutó Córdoba también

Visitamos el centro, la catedral, la Universidad… Pero lo que más nos impactó fue conocer La Casa De La Memoria, un museo-homenaje a todos los desaparecidos y exiliados argentinos durante el gobierno de facto (militar), donde la policía hacia «desaparecer» a los revolucionarios: jóvenes estudiantes, padres de familia, mujeres embarazadas… Los pelos de punta al ver lo que un ser humano es capaz de hacer a otro ser humano sólo por tener ideas políticas diferentes… Y esto no ocurrió hace tanto tiempo…

Mapa de los emigrados


«Policia»


Cordobazo

Seguimos visitando la ciudad, sus parques, sus casas… Su noria (que dicen que fue hecha por Eiffel) y volvimos a casa felices a probar nuestro primer «Choripan» (bocadillo de chorizo al que le puedes echar casi lo que quieras…) Lógicamente, después tocó siesta.


Por la noche fuimos a un concierto de unos chicos uruguayos que también estuvieron con Marina de CS y probamos el «Fernet con cola», la bebida más popular de Córdoba, junto a Alex (que conocimos en San Ignacio) y los amigos de Marina. ¡Lo pasamos muy bien!


Con los amigos de Marina y Alex

El miércoles queríamos visitar Alta Gracia, ya que allí se encuentra la casa en la que Ernesto Guevara, alias «El Che», vivió durante parte de su infancia.

Con el pequeño Ernesto

Fue una visita muy instructiva, donde aprendimos mucho sobre la infancia del Che, sus viajes, su ideología…

La poderosa. Diarios de motocicleta


De conversaciones con el Che


Un referente para nosotros


Walle-e le hizo reir

Aprovechamos el día para visitar la casa donde vivió y murió Manuel de Falla y un antiguo convento e iglesia Jesuíticos.

La casa de Manuel de Falla

 

De vuelta en casa, preparé una tortilla y cenamos con Marina y Gabriel, cordobés que habíamos conocido en Rio de Janeiro… ¿os acordáis? Además, Gabriel nos invitó a probar cerveza artesanal.

De cervezas en Antares

El jueves a mediodía nos despedimos de Marina cargados de regalos (atrapa sueños, una sudadera, una camisa…) pero, sobretodo, agradecidos por el trato recibido y la alegría de Marina, y pusimos rumbo a Buenos Aires.

Con nuestra querida Marina

Por delante: más de 18 horas de tren. «El tren más lento del mundo», lo llamaría yo…


La peor milanesa del mundo

  1. Beatrice Mazzocchi

    Après Iguazu, Rosario, Cordoba… que de belles images auxquelles je vais pouvoir penser en revoyant les photos qui illustrent votre voyage !
    Je vous souhaite, ainsi qu’à vos amis et compagnons, un joyeux Noël et une très heureuse nouvelle année.

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