juanporelmundo

Viviendo la experiencia de mi vida

Huayna Potosí, Juan por el mundo, vuelta al mundo

Nuestro primer 6000: el Huayna Potosí.

Nunca olvidaré esta cifra: 6088. Esos son los metros sobre el nivel del mar a los que se encuentra la cima de esa montaña. Ni uno más, ni uno menos. Es, de lejos, lo más duro que he hecho en mi vida (¡por ahora!) Ni media maratón, ni kilómetros en bicicleta… No. Ese número: 6088, mi amado/odiado Huayna Potosí. Dicen que es una de las montañas menos técnica y más accesible para los «no iniciados». Para mí fue un infierno. Y voy a intentar que viváis aquella experiencia como yo la sentí.
Nada más llegar a la agencia en la mañana, (Climbing Southamerica) recogimos el material y conocimos a nuestro guía Silverio, con el que pasaríamos los siguientes tres días. Después, nos llevaron en mini bus hasta el campo base, donde comimos y pasaríamos la noche (y donde me enamoré de una pequeña boliviana llamada Caterina, que vivía allí) 

Además, conocimos a una pareja de holandeses muy divertidos que también iban a intentar hacer cima.

Esa tarde fuimos a practicar la marcha con grampones sobre un glaciar e hicimos un poco de escalada en el hielo… Bueno, más bien Silverio se rió de nosotros un rato, mientras intentábamos escalar un muro casi imposible…

En la montaña los horarios cambian totalmente, así que la cena fue muy temprano y, tras una divertida conversación con nuestros amigos holandeses, no tardaríamos en acostarnos. 

Al día siguiente, hicimos nuestra primera subida hasta el campo alto, con todo nuestro material a cuestas… Son poco más de 500 metros de desnivel pero tardamos como 2 horas en hacerlo…

Al llegar al campo alto (me dolía todo) conocimos a dos chicos franceses (Hugo y Bastien) y una pareja de suizos (Max y Marine), ¡Qué gente tan simpática! Cómo allí arriba no había mucho que hacer (comimos a las 11:30 y cenamos a las 17:00) pasamos el día hablando (en francés) y riéndonos mucho. Nos acostamos muy temprano (18:00) ya que el ascenso empezaría a las 00:30, para intentar hacer cima con la salida del sol. 

Levantarse a las 23:30 es, cuanto menos, raro… Y desayunar a esa hora, aún más. Pero es lo que tocaba… Y en menos de una hora nos encontrábamos andando en la oscuridad de la noche, aunque teníamos una luna llena preciosa. 

Al principio de la subida vas animado, haciendo bromas y hablando con tu compañero o con el guía. Tras casi una hora, llegamos a la nieve, así que tocaba ponerse los grampones, atarse con las cuerdas, y continuar subiendo. 

En el camino, íbamos encontrando a nuestros amigos que iban con sus propios guías. Unas veces nos adelantaban ellos, otras nosotros. 

Mascando coca, caramelos, chupa chups… para tener energías y evitar el mal de altura. 

Lo peor es cuando, tras dos horas y media de marcha, tu guía te dice que aún no estás ni a mitad de camino… Dando ánimos, ¡claro que si!

El cielo estaba despejado y la luna nos iluminaba el camino. Además, teníamos una bonita vista de El Alto. 

Pero cuando nos íbamos acercando a la cima, se empezó a nublar…

Además, como cada vez estábamos más cansados, cada vez andábamos más despacio… Y por supuesto ya nadie tenía fuerzas para hablar o hacer bromas…

Creo que lo peor de todo es la respiración: a esa altitud te falta el aire, sientes que te asfixias al más mínimo esfuerzo y tu cerebro necesita economizar energía…
Yo, personalmente, ya no podía pensar en nada, sólo en avanzar un pie… y luego el otro, a veces de frente, a veces de lado, siguiendo las órdenes de Silverio e intentando ir al mismo ritmo, ya que los tres estábamos unidos por la cuerda… Y con mucho cuidado de no tropezar…

Incluso hubo una parte en la que tuvimos que escalar con los piolets… 

No quería mirar arriba, porque tenía la impresión de que no avanzábamos y la cima seguía estando muy lejos… Me sentía como un Zombie, andando más por inercia que por ganas…
De repente, cuando yo ya empezaba a dudar seriamente si sería capaz de hacer cima… ¡Habíamos llegado! Allí estábamos, a las 6:00 de la mañana, en lo alto de aquella montaña, a 6088 metros sobre el nivel del mar, con pronunciadas pendientes a ambos lados (tanto que Harry perdió un guante que se fue a toda velocidad) y un estrecho pasillo por el que llegar a donde poder echarnos la foto de rigor… Aunque como se había nublado, no pudimos disfrutar de la salida del sol ni de unas maravillosas vistas… Tocaba conformarnos con la preciosa luna llena.

Decidimos grabar un vídeo para contar nuestra hazaña… Y de repente, la emoción me pudo, era incapaz de hablar y me puse a llorar como un niño… ¡No podía creer que lo habíamos conseguido! 

Pero no tuvimos tiempo ni de descansar, había que volver al campo alto y estaba empezando a nevar… 

La bajada fue bastante dura: toda la fatiga acumulada, andar con los pies abiertos para que los grampones no se toquen entre ellos, una fuerte nevada… Y no podíamos descansar para no perder el rastro… 

Dos horas tardamos en llegar al campo alto. Mi cabeza parecía que iba a explotar… Pero nos alegró volver a encontrar a nuestros amigos y darnos cuenta que casi todos lo habíamos conseguido (excepto la pobre Marine, que tuvo que dar la vuelta a mitad de camino por fuertes náuseas)

Tuvimos una hora para descansar , tomar un té de coca calentito, y de nuevo en camino para bajar al campo base con la mochila y el material a cuestas…

Tras despedirnos de todos los amigos que habíamos hecho, partimos hacia la Paz.

Fue inevitable dormirnos en el coche de vuelta…

Pero estábamos felices y orgullosos de haber conseguido esa hazaña, y cargados de adrenalina.

Esa noche nos reunimos todos en la Paz para tomar unas cervezas que supieron a gloria…

2 Comentarios

  1. Beatrice Mazzocchi

    Décidément, vous ne reculez devant aucune aventure de l’extrême : la descente de la route de la mort à bicyclette et l’ascension du Huyana Potosi à 6088 m. Bravo ! Il fallait avoir le courage de le faire. Dommage que le brouillard et/ou les nuages vous aient privés, vous, Harry et vos compagnon d’un lever de soleil qui est certainement superbe par temps clair.
    Je comprends très bien que vous soyez amoureux de l’adorable petite fille. Pour le mariage, il va cependant devoir attendre un peu !

    • Oui !! C’est dommage, parce qu’elle était tellement adorable…
      C’était des expériences incroyables, que j’aurais jamais imaginé pouvoir accomplir. C’est pour ça que j’ai pleuré en arrivant au sommet ! Merci pour vos commentaires ! Ça le fait plaisir avoir de vos nouvelles !

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