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Viviendo la experiencia de mi vida

Juan por el mundo, Lima, Perú, vuelta al mundo

Lima: ceviche, surf y una triste despedida.

Si bien es cierto que el tiempo que estuvimos en Lima lo pasamos entre los barrios de Miraflores, donde se encontraba nuestro hostel (Dragonfly) y el de Barranco, la capital del Perú fue para mí una grata sorpresa.

Fueron días de relax, ya que acabábamos de volver de 4 días de senderismo por la Cordillera Blanca, y queríamos planear nuestro siguiente destino: el Amazonas. Entre tanto, también disfrutamos de la noche del barrio de Barranco, de la fantástica gastronomía de Lima e incluso una noche fuimos al cine (se hace muy raro después de más de 4 meses sin pisar uno).

Para quien no lo sepa, la ciudad de Lima es enorme y se asoma al océano Pacífico desde un impresionante acantilado que recorre toda su costa. Cerca de nuestro hostel se encontraba el “Parque del Amor”, desde donde se pueden contemplar unas increíbles puestas de sol. Y si, como nosotros, os encontráis por allí un 14 de Febrero, ya os podéis imaginar la cantidad de parejas que se reunen para celebrar su amor en un día tan “señalado”.

Nuestro primer día por la capital, tras gestionar un poco lo de la selva, buscamos un lugar dónde poder celebrar nuestros 4 meses de viaje. Y así lo hicimos, dándonos un señor homenaje en un restaurante llamado El PeZ-on: delicioso ceviche, pescado y otros platos típicos de la famosa cocina Limeña servidos con buen humor y una atención exquisita. Altamente recomendado.

Quizá se salió un poco de nuestro presupuesto, pero no todos los días se celebran ¡4 meses aguantando a Harry! Ese día supimos que nuestros días juntos empezaban a llegar a su fin… Así que esa noche salimos para celebrarlo.

Al día siguiente, y con una leve resaca, anduvimos por el paseo de Miraflores hasta el turístico barrio de Barranco. Por el camino, encontramos un centro comercial que muy poco tiene que envidiarle a los que encontramos en Europa, con cientos de tiendas de primeras marcas: Zara, Swatch, etc… Por algo Miraflores está considerado como el barrio de las personas de, digamos… “alto poder adquisitivo”, y también uno de los más seguros de Lima. Nosotros compramos un sándwich en el super y comimos con vistas al océano.

El barrio de Barranco, aunque dispone de un Starbucks y un Dunkin Donuts, ya es otra cosa, otro ambiente: graffitis, calles peatonales, mercados callejeros, parques… Es como entrar en otra ciudad.

Allí nos encontramos con Cynthia, chica peruana que habíamos conocido en La Paz, que nos dio un paseo por el barrio y llegamos hasta la playa: creo que nunca (ni en el Zapillo en pleno agosto) había visto tanta gente junta en una playa. Incluso desde muy lejos habíamos dudado si todo aquello eran personas o piedras…. Es realmente increíble.

Aquí tengo que confesaros que yo no me encontraba muy bien, así que decidí volver al hostel a descansar y esa noche y la mañana siguiente la dediqué a recuperarme, mientras Harry y Thomas se fueron a tomar algo y disfrutar de las olas aquella mañana. Porque sí, en Lima, por sólo unos 6€, puedes alquilar un equipo de surf (traje y tabla) e intentar coger algunas olas. Yo me uniría a ellos la mañana siguiente, ya que me encontraba mucho mejor. Mi primera vez. Muy, muy divertida, ¡incluso me puse tres o cuatro veces de pie sobre la tabla durante unos segundos! Hay que decir que las olas estaban muy bien para los principiantes, que Harry y Thomas me explicaron algunos conceptos básicos de surf, pero también que hay que tener cuidado con tragar agua allí, el color de la misma y la capa superficial de “espuma” no tenían muy buena pinta…

Fuimos a celebrar nuestro éxito con las olas comiendo ceviche en el mercado: por solamente unos 10€ entre los tres, tomamos el que es, sin duda, el mejor ceviche que he comido nunca.

En Lima volvimos a encontrarnos con algunos amigos del trek de Santa Cruz, e hicimos algunas cosas juntos: como por ejemplo ir al cine, jugar al “Beer pong” o salir de fiesta, básicamente.

Pero para Harry y para mí esa no sería una noche más, ya que era nuestra última noche juntos. Mi querido compañero había decidido que no tenía ni tiempo ni dinero para acompañarnos hasta el Amazonas, y se iría unos días a surfear a Mancora, al norte de Perú. Así que tocaba terminar de una vez la botellita de Fernet que llevábamos “arrastrando” con nosotros desde Ushuaia.

Así que tras nuestra última noche y nuestra última comida juntos (un sándwich, bueno en este caso “sanguche”, no podía ser de otra manera, aunque este de restaurante y bien rico en La Sanguchería criolla LaLucha), llegó el adiós. Como no nos gustan las despedidas, ninguno de los dos quiso darle mucha importancia, y simplemente hacer como si nos fuésemos a ver en un rato. Nos abrazamos, una última foto, me puse mi mochila y, junto a Thomas, me subí en un taxi. Os mentiría si os dijese que no tenía un nudo en el estómago o que mis ojos no estaban más “húmedos” de lo normal, pero vivir durante más de 4 meses tantas aventuras y desventuras juntos nos había unido hasta el punto de convertirnos en hermanos. Y así decidí contar nuestra historia en la entrada “Cuando Harry conoció a Juan“, que tuve el tiempo de escribir en las 26 horas de autobús que me llevaron hasta Tarapoto, mi siguiente destino. Pero eso ya os lo contaré en la próxima entrada…

4 Comentarios

  1. Beatrice Mazzocchi

    J’imagine que la séparation d’avec votre ami Harry a été difficile, après toutes les aventures que vous avez vécues ensemble.
    Beaucoup de temps s’est écoulé depuis. Avez-vous reçu de ses nouvelles ?
    Je pense que votre amitié ne s’est pas terminée à Lima.

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