I ❤️ el Chaltén: la capital mundial del Trekking.

Todo el mundo nos decía que nos iba a encantar El Chaltén… ¡Y no se equivocaban! Desde que te vas acercando con el bus, donde este bonito pueblo aparece de repente escondido tras una muralla natural de rocas con la impresionante vista del imponente Fitz Roy sobre él, quedas maravillado.

Llegando con el bus

Entrada a “El Chaltén”, con el Fitz Roy de fondo

Nada más llegar, en la misma terminal nos informamos de todo lo que se podía hacer: muchas rutas de senderismo, actividades, avistamiento de flora y fauna… No por nada lo llaman “La capital del Trekking”.

La terminal

Buscamos nuestro hostel: el Ahonikenk (el más barato de todo el pueblo) y, seamos sinceros, probablemente el menos higiénico en el que hemos estado, pero del que nos acabamos encariñando, quizá por el buen rollo que se respiraba por las noches, quizá por la simpatía de Kopi, el “encargado” del mismo o porque algunas noches podíamos disfrutar de las “sobras” del restaurante, que estaba muy rico…

Las noches en el Ahonikenk

El caso es que nos quedamos allí, y fuimos a tomar unas cervezas artesanales en Happy Hour y al final también terminamos cenando en el bar de Cayetano.

Primer día: Sendero Laguna Torre

Empezando el sendero

Nuestro primer sendero sería hasta la Laguna Torre, con su respectivo glaciar y su cerro (el cual no pudimos ver debido a las nubes). El camino, unos 10 km de ida, y los mismos de vuelta hicieron que acabásemos el día agotados, pero felices: las vistas eran muy bonitas e incluso tuvimos la suerte de ver un zorro mientras comíamos.

En el camino

¡Llegamos!

En la Laguna Torre

Nuestro amigo el zorro

No podía faltar nuestro sándwich

Volare, oh oh…

Cascada

Bebiendo agua del glaciar

Una pequeña siesta para reponer fuerzas

Wall-e no podía faltar en la Laguna Torre

Glaciar Torre. Espectacular

Rebeldes sin causa

El cansancio no impidió que aquella noche acabásemos tomando algunas copas con los compañeros del hostel…

Segundo día: mirador de los cóndores y las águilas, cascada El Chorrillo y encuentro sorpresa.

Lo que hizo que al día siguiente nos lo tomasemos con más tranquilidad: por la mañana nos acercamos al centro de interpretación, subimos al monte de los Cóndores y las Águilas y por la tarde fuimos a visitar la cascada El Chorrillo

Mirador de los Cóndores

Con vistas sobre el Chaltén

Monumento de madera a los mochileros

El Chorrillo

Padre, hijo y cascada

Wall-e siempre con nosotros

Y de camino, para nuestra enorme sorpresa, ¡nos encontramos con tres Huemules! ¿Sabéis lo difícil que es ver estos animales? Hablamos con gente que nos dijo que en 20 años viviendo allí, ésta era sólo ¡su tercera vez!

¡Tres Huemules!

Bebiendo agua del río

Y lo mejor es que fuimos los primeros en verlos, y pudimos disfrutar de su majestuosidad sólo para nosotros durante un momento… Un momento increíble.

Tercer día: excursión al Glaciar Viedma.

Nuestro tercer día por allí haríamos algo muy especial: una excursión al Glaciar Viedma, uno de los más grandes de toda Sudamérica, junto al Upsala. Una excursión que se nos salía de nuestro (ajustado) presupuesto, pero que valió cada peso que pagamos por ella.

Jon in the wall

Tras tomar un bus y un barco, comenzamos a andar sobre rocas que aún tenían la marca de erosión del glaciar que, por desgracia, está en retroceso y cada vez hay que andar más para llegar hasta él.

Andando por las rocas

Nuestro objetivo

La pared del glaciar

Wall-e todo un aventurero

Sin miedo bajando por las piedras

Con el gran Chris, nuestro amigo canadiense

Tras ponernos los grampones, empezamos la aventura de andar por el hielo, siguiendo a nuestra extraordinaria guía Natalia, que nos explicaba todo a la perfección. Nosotros disfrutamos, pero teníais que ver la cara de felicidad de mi padre… ¡estábamos andando sobre historia natural: millones de años bajo nuestros pies!

Un niño cumpliendo un sueño

Con los grampones

En inmenso glaciar y los pequeños aventureros

¿Veis ese color? Yo (creo) que también

Wall-e no necesitó grampones

Hicimos una práctica de escalada, comimos al sol, tomamos un digestivo con hielo del glaciar…

Escalando el glaciar

Él también (a su manera…)

Amor de padre…

¡Seguíamos impresionados!

¿Un digestivo?

Con hielo del glaciar, por supuesto

Natalia nos explicaba donde estábamos

¡Gran grupo!

La preciosa Bahía, con el color característico debido a un mineral que desprende la erosión del glaciar

Volviendo al barco

Un día muy muy completo, que dibujó una enorme sonrisa en nuestras caras. Y como no, fuimos a celebrarlo con unas cervezas al sol de la tarde.

Cerveza al sol y buena compañía

Cuarto día: y por el fin, el Fitz Roy.

El deseado, el objetivo, LA ruta por excelencia: la Laguna de los Tres, hasta los pies del Fitz Roy.

Comienzo del sendero

Mirador del Fitz Roy

El maldito Fitz Roy, que durante tres días (desde la tarde que llegamos) se había escondido tras las nubes y no habíamos conseguido volver a ver, decidió salir a saludarnos al cuarto día. Y no podíamos dejarlo pasar: ese día iríamos a visitarlo. Y tenía que ser rápido, porque es un pico muy escurridizo.

Tras resolver algunos problemas con nuestros siguientes pasajes de bus, mi padre y yo empezamos esta dura ruta. (Harry no pudo con los nervios y el miedo a que se volviese a esconder y se fue antes y mucho más rápido)

Imponente

Allá íbamos

Wall-e estaba maravillado con la vista

Se empezaba a nublar… ¡Otra vez!

El camino es un bonito sendero de unos 9 km… Hasta que llegas al décimo… Ese último kilómetro es infernal: una subida con un fuerte pendiente, llena de piedras, por un sendero estrecho y con bastante gente. Fue muy duro, pero lo conseguimos. 

¡Lo hicimos!

Y la recompensa fue increíble: allí estaba, el Fitz Roy (medio tapado por una nube) y las preciosas Laguna de los Tres y Laguna Sucia a sus pies, (con un viento helado que te cortaba la respiración)… Pero es una postal inolvidable que quedará para siempre en nuestras retinas.

Orgulloso de tí

Casi vuelo

¡Te alcancé! (Llevaba 2 horas esperándonos)

Panorámica con las dos lagunas y el Fitz Roy

Reponiendo fuerzas

El reencuentro

¡El Fitz Roy!

Haciendo amigos: Málaga, Alemania y Francia

Volvimos al hostel, recogimos las maletas y nos despedimos de todo el mundo. Esa noche dormiríamos en el bus, camino a El Bolsón…

juanporelmundo
juanpika6@gmail.com


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